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lunes, 15 de junio de 2009

Cuando los tibios van marchando (sobre la marcha del jueves 11 de junio)


Por: Eduardo Torres Arancivia

A veces le puede pasar a uno que optar por el silencio reflexivo en soledad – duro e introspectivo- tiene más fuerza que participar en una atolondrada marcha por el centro de la capital acompañando a gente de carácter tibio que no hizo lo que debía cuando podía. Esa clase de gente, bullanguera y mete candela, suelen ser los que al momento del combate se cruzan de brazos y voltean el rostro.

El jueves pasado, sindicalistas, comunistas, nacionalistas, artistas y estudiantes universitarios (caviares y radicales) salieron a las calles a protestar sobre hechos ya consumados. A mi entender, ellos no expresaban la política del que siente simpatía por la causa de un con-nacional. Fue peor: todos ellos, ignominiosamente, enarbolaron la bandera patética del figuretismo, ese que invita a “subirse al coche” en el último minuto. Tales marchas no son sino el accionar del que estuvo con los ojos vendados y ahora quiere ver y del que viendo quiere sacar algún provecho para, luego, apoderarse de una cuota de poder. ¿Quiénes estuvieron ahí? Pues analicemos el cortejo:

Los inofensivos estudiantes de la PUCP, en su mayoría caviares, que ahora deben estarle contando a sus amigos, entre frías chelas y piqueos, sobre esta gran aventura revolucionaria enfrentando a los gases lacrimógenos.

Los pseudos artistas cuyo oficio languidece desde hace mucho en Canal 6 y que, cual saltimbanquis, solo sirvieron de amena comparsa.

Los comunistas que callaron en la anterior dictadura y que solo creen en la lucha armada cuando la democracia burguesa se los permite.

Los fósiles de la politiquería criolla, esos que aún no entienden que su hora terminó.

Los universitarios sanmarquinos, más radicales, pero que no pudieron impedir la construcción de una autopista en sus predios.

Los sindicalistas que se escondieron durante el fujimorismo.

Los congresistas que aun no saben que la verdadera lucha se hace en el Hemiciclo del Congreso, que para eso les pagamos.

Tan ilustre cortejo se unió contra el gobierno (algunos ni sabían por qué), todos los presentes querían la paz y se solidarizaron con los indígenas de la selva (¿sabrán definir lo que es ser un “indígena”?). Todos querían cambiar al Perú, pero no entendieron que lo único que revolucionaron fue el tráfico de la capital. ¡Patéticos! Todos los que ahí estuvieron no tienen plan, ni ideología consecuente, ni saben lo que quieren. Mientras tanto el Sur Andino arde, la Selva continúa desconocida, 200 personas han muerto de frío, la tuberculosis sigue vigente, en los hospitales se hace cirugía con material reciclado y el terrorismo senderista nos vuelve a mostrar su cara. La oscuridad esta por llegar de nuevo y ustedes solo marchan pues la tibieza de sus espíritus no les da para más.