
Por Miguel Ángel Vidal Castillo.
Nuestro país sigue perteneciendo al denominado Tercer Mundo por varias razones: altos índices de pobreza, desorden institucional, informalidad, violencia en todas sus graduaciones (del estado, de la delincuencia, del narcotráfico, del terrorismo senderista) y por el poco afán de sus ciudadanos por cimentar las bases de la democracia. Sin embargo, a mi entender, la clave para solucionar todos estos flagelos sigue estando en la inversión, por parte del Estado, en el sistema educativo.
“¿Qué tiene de malo la educación en el Perú?” la pregunta viene a resultar hasta retórica. Más del 80 % del estudiantado peruano esta en un colegio del Estado y éste último, seamos sinceros, no tiene ningún afán de proveerlos de profesores a la altura del reto que impone la actualidad globalizada. Por su parte, los profesores sub calificados se agremian en argollas politizadas que defienden derechos pero rehuyen cumplir sus más elevados deberes (actualizar conocimientos, buscar diplomados especializados, investigar, etc.). Para ellos primero esta su puesto en los predios del Estado y luego sus alumnos. Es triste decirlo, pero la educación estatal se esta llenado de malos profesores de los cuales no puede deshacerse por estar enquistados en gremios comunistas y apañados en malentendidas carreras magisteriales.
En ese campo de batalla, en el que se enfrentan la indiferencia del estado y la ignorancia de los profesores, al medio esta el estudiantado peruano. Toda esa niñez y juventud pagara el crimen de no haber tenido maestros a la altura de los tiempos. La propia desnutrición intelectual de profesores, aunada a la desnutrición física del estudiantado, solo puede formar siervos, gente sin espíritu y sin aspiraciones.
Sonaré categórico pero aquí hay dos grandes culpables para la caída libre en la educación: el Estado y los maestros. Ambos, en su informalidad y mediocridad han olvidado que deben formar ciudadanos. El primero no invierte en el gran negocio que es la educación, los segundos no salen del rollo que sostiene de que solo hay que formar universitarios al mismo tiempo de que todos ellos se hunden en el subdesarrollo moral e intelectual
“La educación es la preparación para una vida completa” decía Spencer, pero ese reto es demasiado para nuestros maestros en una sociedad en la que solo buscan sobrevivir ellos mismos. Y cuando alguien solo quiere sobrevivir olvida la pasión y le da igual si el material humano a su cargo aprende realmente a vivir en ciudadanía. Eso es muy grave. El superviviente se aferra a la balsa y no busca más allá de eso. Las redes gremiales de docentes se protegen entre ellos y evitan que la corrupción e ignorancia salgan de sus círculos ¿Quién paga esa factura? El estudiantado.
Entonces la gran consecuencia será que este país seguirá en ese estrato que los poderosos llaman “Tercer Mundo” al mismo tiempo que nuestras escuelas seguirán botando a la calle gente sin conocimientos útiles y, lo más grave, sin la facultad de ser ciudadanos. Así, los gobiernos opresores saldrán ganando pues tendrán un rebaño de ovejas a quienes mandar y no a hombres y mujeres que puedan sacarnos del pozo de la barbarie en el cual nos hundimos a cada hora que pasa.
Nuestro país sigue perteneciendo al denominado Tercer Mundo por varias razones: altos índices de pobreza, desorden institucional, informalidad, violencia en todas sus graduaciones (del estado, de la delincuencia, del narcotráfico, del terrorismo senderista) y por el poco afán de sus ciudadanos por cimentar las bases de la democracia. Sin embargo, a mi entender, la clave para solucionar todos estos flagelos sigue estando en la inversión, por parte del Estado, en el sistema educativo.
“¿Qué tiene de malo la educación en el Perú?” la pregunta viene a resultar hasta retórica. Más del 80 % del estudiantado peruano esta en un colegio del Estado y éste último, seamos sinceros, no tiene ningún afán de proveerlos de profesores a la altura del reto que impone la actualidad globalizada. Por su parte, los profesores sub calificados se agremian en argollas politizadas que defienden derechos pero rehuyen cumplir sus más elevados deberes (actualizar conocimientos, buscar diplomados especializados, investigar, etc.). Para ellos primero esta su puesto en los predios del Estado y luego sus alumnos. Es triste decirlo, pero la educación estatal se esta llenado de malos profesores de los cuales no puede deshacerse por estar enquistados en gremios comunistas y apañados en malentendidas carreras magisteriales.
En ese campo de batalla, en el que se enfrentan la indiferencia del estado y la ignorancia de los profesores, al medio esta el estudiantado peruano. Toda esa niñez y juventud pagara el crimen de no haber tenido maestros a la altura de los tiempos. La propia desnutrición intelectual de profesores, aunada a la desnutrición física del estudiantado, solo puede formar siervos, gente sin espíritu y sin aspiraciones.
Sonaré categórico pero aquí hay dos grandes culpables para la caída libre en la educación: el Estado y los maestros. Ambos, en su informalidad y mediocridad han olvidado que deben formar ciudadanos. El primero no invierte en el gran negocio que es la educación, los segundos no salen del rollo que sostiene de que solo hay que formar universitarios al mismo tiempo de que todos ellos se hunden en el subdesarrollo moral e intelectual
“La educación es la preparación para una vida completa” decía Spencer, pero ese reto es demasiado para nuestros maestros en una sociedad en la que solo buscan sobrevivir ellos mismos. Y cuando alguien solo quiere sobrevivir olvida la pasión y le da igual si el material humano a su cargo aprende realmente a vivir en ciudadanía. Eso es muy grave. El superviviente se aferra a la balsa y no busca más allá de eso. Las redes gremiales de docentes se protegen entre ellos y evitan que la corrupción e ignorancia salgan de sus círculos ¿Quién paga esa factura? El estudiantado.
Entonces la gran consecuencia será que este país seguirá en ese estrato que los poderosos llaman “Tercer Mundo” al mismo tiempo que nuestras escuelas seguirán botando a la calle gente sin conocimientos útiles y, lo más grave, sin la facultad de ser ciudadanos. Así, los gobiernos opresores saldrán ganando pues tendrán un rebaño de ovejas a quienes mandar y no a hombres y mujeres que puedan sacarnos del pozo de la barbarie en el cual nos hundimos a cada hora que pasa.